Cuando tu mascota no acepta al nuevo miembro de la familia

La llegada de tu bebé a casa provoca alegría, pero también estrés y ansiedad en todos los miembros de la familia, incluida tu mascota o animal de compañía. Seguramente tu perro o gato se enteró primero que tú del embarazo por los sonidos y movimientos en tu vientre, pero los cambios que empiezas a hacer en tus hábitos pueden afectar su rutina de vida. Como miembro de la familia, tu mascota también merece cuidados y que sus necesidades básicas (salud, alimentación y esparcimiento) sean cubiertas. ¿Cómo lograr una adaptación sana?

Inicia un proceso de habituación (con cambios graduales) durante los meses de embarazo para que el animal de compañía se acostumbre poco a poco a olores y sonidos relacionados con tu bebé. Al observar sus primeras reacciones podrás evaluar su conducta y detectar si aparece un problema que podría poner en riesgo tanto a tu crío como a tu mascota. Sigue estas recomendaciones:

    • Cuando estés con tu hijo, dale a tu perro o gato un juguete rellenable con algo de comida; así podrá estar cerca de ustedes de manera calmada.
    • Los bebés tienen movimientos bruscos que pueden incomodar a los perros y gatos, por lo que debes enseñar a tu mascota a acercarse cuidadosamente para evitar un percance mientras tu hijo es pequeño.
    • Salgan a pasear en familia, lleven a tu perro y al bebé a algún lugar agradable. A medida que transcurran los días, tu perro empezará a asociar al bebé con paseos placenteros. Recuerda siempre darle un premio a tu perro (caricias, comida, juguete, voz) cuando se encuentre tranquilo y en presencia de tu bebé.
    • Sabemos que tendrás visitas que ofrecerán ayuda en todo momento; te sugerimos pedirles que saquen a pasear a tu perro o jugar con tu gato, puesto que su rutina también se va a ver alterada. A medida que la rutina se mantenga más homogénea, estará más tranquilo.
    • Si lo notas estresado por los llantos del bebé, déjalo en otro cuarto con música tranquila y sus juguetes favoritos;

los tiempos y espacios individuales son muy importantes.

    Utiliza puertas divisorias, cuando sea necesario, en cuartos y escaleras para que haya privacidad y una convivencia armónica.

Si ves que estos ejercicios no funcionan, recurre a un etólogo clínico, quien es el especialista encargado de prevenir, diagnosticar y tratar estos problemas.

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