Las ocho cosas que puedes hacer para que tu bebé duerma fatal y te conviertas en una zombie

Siempre les cuento con un montón de características que la definen a una madre zombie, en lo que es un estado al que muchas madres llegan sin querer y, muchas otras, por no saber muy bien cómo evitarlo.

Si aún no tienes unas ojeras como la chica de la foto y quieres conseguirlo no te pierdas los consejos de hoy. Y si quieres evitarlo, también, porque es posible que los estés llevando a cabo: Las ocho cosas que podrías hacer para que tu bebé duerma fatal y te conviertas en una zombie.

1. Cánsalo mucho por el día

No le dejes dormir por el día, que esté cansado, que llegue a la noche cayéndose de sueño, que haya dormido poco… seguro que mucha gente ya te ha dado este consejo, que es perfecto para lograr que duerma cada vez peor.

Quizás te lo dicen con otra intención, para que duerma mejor, pero es poco probable que funcione así, por lo que si quieres ser una zombie vas por el buen camino haciendo esto, y ahora te digo el porqué: ¿Alguna vez has hecho ejercicio antes de dormir? Porque si lo has hecho sabrás que luego cuesta conciliar el sueño. ¿Qué tal duermes los días que llegas agotada a la cama? Te duermes enseguida pero luego tienes un sueño bastante intranquilo, ¿verdad? Pues en los bebés es igual. Si llegan pasados de rosca porque los acuestas tarde, o cansados porque has intentado que lleguen en ese estado, es muy probable que duerman bastante mal.

2. Deja que llore

De igual modo, un gran método para conseguir que el bebé duerma mal es dejar que llore por el día, o lo que se conoce más comúnmente como “no lo cargues, que se acostumbra”. Dejándole llorar logramos que pase más tiempo nervioso, que empiece a activar los centros cerebrales que se encargan de provocar los mecanismos de lucha o huida y que en vez de sentirse tranquilo, confiado y seguro, se sienta amenazado.

Esta intranquilidad por el día sucede también por la noche y el bebé se despierta más a menudo porque considera que debe estar alerta. Dicho de otro modo: en ausencia de un cuidador que le haga sentir seguro (llora y no se le atiende), el bebé toma la iniciativa y decide ser él mismo quien esté atento a posibles peligros.

3. Estimúlale antes de dormir

Esto lo hacen muy bien los papás que trabajan hasta la tarde y cuando llegan quieren saludar a su bebé. Lo cargan, le dicen lo precioso que es, lo alzan en el aire, le dicen cosas que le hacen activarse y, en definitiva, le estimulan cuando podría estar quizás agarrando el sueño.

Yo he pecado siempre de esto, cuando llegaba quería estar con mis hijos, así que jugaba con el… luego el bebé no se quería dormir. Y claro, lo que pasa es que acaban “pasados de rosca”, que queremos entonces que se duerman cuando ya se han vuelto a espabilar, están todavía más cansados y entonces no solo cuesta el doble que se duerman sino que encima duermen peor.

4. Invita a la familia para que lo visiten por el día

Cómo hacer que duerman peor

Que te vengan a visitar por el día, y como en la foto, que se apelotonen a verlo, tocarlo y hablarle como si fuera una atracción de feria o similar. Que lo tomen, que vaya de brazos en brazos, que haya calor, ruido y mucha felicidad en el ambiente. Todo esto el bebé lo retorna a sus padres por la noche en forma de llantos y nervios, como consecuencia de lo que ha recibido durante el día.

5. Dale un baño (si no le gusta)

Que no hacen más que decirte que lo ideal es darles un baño para que se relajen y hay bebés que lo que hacen es ponerse aún más nerviosos. Porque no les gusta bañarse y lloran, o porque les gusta tanto que se ponen como motos, los hay que salen de la bañera con los ojos mucho más abiertos que como entraron. Si la intención es esa, no dudes en bañarlo cuanto más tarde, mejor.

6. Deja que se duerma llorando

Un gran consejo para lograr que duerma mal. Si se duerme llorando se duerme estresado, cansado, y cae rendido por agotamiento, por no haber sido atendido, porque no se puede llorar eternamente… Viene a ser lo mismo de lo que hemos hablado en los anteriores consejos: cuanto más agobiado, ansioso y preocupado se duerma, peor dormirá. Pero ojo… si lo haces cada noche, y con cierta asiduidad, tu hijo puede entrar en un estado de “ya me he dado cuenta de que no me vais a hacer caso, que estoy solo en esto y que no me vas a atender”, y que lo que pase es lo contrario, que aprenda que aunque pide ayuda, no la va a obtener (aquí cada madre y padre debe decidir si quiere que su hijo se sienta atendido o no).

7. Pon la temperatura de la casa alta

“Es que he leído que la casa tiene que estar a 24 grados”. Bueno, pues depende. Si estar a 24 grados supone que pasen todos mucho calor, está claro que no es la temperatura ideal. Y menos si luego vas y le pones un pijama bien gordo y encima le plantas una manta. Pero como lo que buscamos no es el ideal, déjale que pase calor, que sude, que esté incómodo, que sienta que va a empezar a hacer la fotosíntesis y tendrás mucho ganado: ojeras seguras al día siguiente, y de las que llegan a la barbilla.

8. Dale de comer para que esté lleno

Como si no hubiera un mañana, como si su vida dependiera de que tomara unos ml más de leche, como si fuera a pasar dos semanas sin volver a comer. Haz lo posible y lo imposible por lograr que llegue a la noche con el estómago lleno y el diafragma bien arriba. Que casi no pueda ni respirar. Como si fuera la cena de Navidad. Que no hablo de darle el pecho o el biberon a demanda, eso es lo normal; hablo de darle el biberón más grande que le quepa, y si puede ser con cereales, y si además logras que entre algo de papilla con la cuchara, ni te cuento.

Cuanto más lleno esté peor será su digestión, más intranquilo dormirá y lo mismo hasta consigues que vaya vomitando leche… si en una de esas te da por salir a la calle haras un dueto magnífico: la zombie y el bebé vomitador.

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