¿Premios y castigos? Disciplina inteligente

Enseña a tus hijos a ser disciplinados sin dañar su autoestima.

¿Disfrutas su cara de emoción cuando va abriendo poco a poco el regalo y comienza a jugar? Si el placer de ver a un niño contento es la única razón por la que das obsequios a tus hijos, estás en muy buen camino para entender los peligros que acarrea el premiar y castigar para educar a nuestros hijos.

Podrás preguntarte qué tiene de peligroso dar premios y pareciera que no mucho, pero desde la perspectiva de la Disciplina Inteligente, los premios y los castigos son como un “cáncer para la educación” ya que son las dos caras de una moneda que condiciona la conducta de los hijos.

Por un lado, el premio condiciona el buen comportamiento a cambio de algo; le quitan el valor a las acciones positivas al poner mayor importancia en el premio mismo; hace perder la motivación interna de los niños, así como el significado educativo a la buena conducta, convirtiéndola en una variante de “soborno” porque el mensaje para los padres será este: “Si no hay premio, no hay buena conducta”.

Los premios están ligados invariablemente a los castigos, éstos son la otra cara de la moneda y son tanto o más dañinos que los premios para la educación ya que no remedian un problema pero sí hieren; no cambian a nuestros hijos, tan sólo los atemorizan; generan doble moral e hipocresía; barren con la responsabilidad dando entrada a la culpabilidad; generan remordimiento y, al contrario de lo que pudiéramos pensar, refuerzan el seguir actuando destructivamente.

¿Cuáles son entonces las herramientas para corregir las conductas no deseadas? Un sistema basado, como la naturaleza, en consecuencias. Si quieres fomentar la responsabilidad e incluso la capacidad de que sean tus hijos quienes corrijan su propia conducta, debes aceptar que la mayoría de las cosas que nos suceden en la vida, buenas o malas, son consecuencia de lo que hemos hecho o dejado de hacer. Bajo este esquema tu hijo percibirá que él es el causante de sus propios resultados.

La alternativa que la Disciplina Inteligente ofrece ante los premios es el reconocimiento tanto verbal como afectivo, si tu hijo está teniendo conductas positivas es justo que se le reconozcan, no lo dejes pasar de inadvertido, pero tampoco confundas el reconocimiento con la adulación o la felicitación exagerada y ansiosa. Exprésalo de manera simple, pero sincera y oportuna.

Existen diferentes posibilidades para resolver los problemas sin tener que ejercer un castigo, por ejemplo: señalar una forma de ser útil, expresar una enérgica desaprobación, pero sin atacar el carácter del niño, indicar lo que se espera de él, demostrar cómo cumplir en forma satisfactoria, ofrecerle una opción y permitir que experimente las consecuencias de sus actos, estas consecuencias deben ser acciones orientadas a resarcir y reparar el daño causado.

Si quieres y puedes regalar algo a tus hijos hazlo sin ninguna condición y da justamente eso: un regalo, no un premio.

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